Su cama

     “Muerta en vida, muerta en vida…”, se repetía una y otra vez en su cama, eso que había pasado de ser su dulce lecho, el lugar donde amó al hombre que la hizo feliz, a ser su ataúd abierto.

     Deseaba la muerte, anhelaba que llegase la dama negra, para llevársela, para descansar…, y también, porque ella sí creía en otra vida, en el cielo y el infierno, esperaba, ansiaba reencontrarse con su amor, con quien nunca debió dejarla en este mundo de los vivos.

     Muerta en vida, así se sentía, sola. Estorbaba, lo sabía, y quería morir, pero no podía controlarlo: “llegará cuando tenga que llegar”, se decía. La abandonaron, en su propia casa, mueble viejo, escombro, estorbo, basura…, eso pensaba de ella misma ahora que se veía incapaz de valerse sin ayuda. Por momentos echaba la vista atrás: se veía cuidando de sus hijos, jugando con ellos, riñéndoles y riendo todos juntos. Luego vinieron los nietos, eso sí le fue duro, los años ya pesaban, pero por un hijo se hace lo que sea, por un hijo se está siempre, por un hijo…, por un nieto…, por todos, siempre que la necesitaron, allí estuvo ella.

     Pero ahora…, ahora todo ha cambiado, ya nadie la necesita…, y y sólo piensa: “muerta en vida, estorbo, basura…”

Tú escribes mis letras.

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