Sueños rotos

     Cariño, ven, siéntate dentro de mí. Quiero contarte una historia, la historia de los sueños rotos, de cómo acabamos formando parte del rebaño, de un rebaño que nos hace aburridos, porque nos hace iguales.

     Cariño, ven, acomódate, porque esto te va a doler, pues quiero que cierres los ojos y dejes a las letras llegar hasta tu corazón…, y se romperá, créeme, lo hará.

     Mi amor, ¿recuerdas lo que te conté hace años?, ¿recuerdas lo que nos dijimos ambos? Nos sumergimos el uno en el otro, nos hablamos de nuestros sueños, de lo que queríamos conseguir y de lo que teníamos claro anhelábamos y por lo que lucharíamos toda la vida, sí, toda la vida. ¿Lo recuerdas? Haz memoria amor mío, dime, ¿qué queda de eso que fuimos, de eso que queríamos ser?

     Sueños rotos, en eso nos convertimos, en parte del rebaño aburrido que pastorea la hierba que otros nos siembran.

     Yo, mi amor, quise ser alguien, que mi existencia valiese algo, ayudar a los demás, hacerlo de verdad, colaborando en salvar sus vidas o sus almas, o ambas. Pero…, ocurrió lo inevitable, capitalismo frenético que no te deja avanzar, pescadilla maldita que se muerde su cola forrada de dinero, asqueroso y rico dinero. Me perdí, al principio lo necesitaba para luchar por mis sueños, luego para vivir y por último para sobrevivir.

     Mas llegó el amor, ese que te inunda el corazón, que te lo frena y acelera a la vez. Y volví a vivir, bendito amor, volví a recordar lo importante, los sueños…, pero esa llama con el tiempo y con el viento se apaga y tan sólo quedan ascuas, que te siguen calentando, sí, pero que ya no iluminan, no como antes. Y nuevamente fui parte del rebaño, para que no te lo tomes a mal, querido, los dos volvimos a ser parte de aquel rebaño aburrido que vive de los logros de los demás.

     Luego vinieron los niños, aire fresco, ¡qué bien sienta ver que creas vida! Y sonreía todo el día, todos los días. Hasta ese en el que descubrí que una vez crecieran volvería a recordar mis sueños, lo que quería haber sido.

     …, y ahora, mi amor, compruebo contando mis arrugas que ya es tarde, siempre tarde. Compruebo que la arena se me escapó de entre los dedos, que ya no queda reloj, que es tarde, siempre tarde.

     Cariño, ven, siéntate dentro de mí. Quiero contarte la historia de por qué nunca me enamoraré, o lo haré hasta olvidarme de mí misma; de por qué puede que cumpla mis sueños o puede que no; de por qué nunca llegaré a ser feliz del todo, o lo seré sin saberlo; de por qué mis sueños acabarán rotos de una forma u otra; de por qué se hará tarde, siempre tarde, para todo.

Tú escribes mis letras.

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