“Shhh”, no digas nada

     …y vuelta a empezar. Cuando creías que la ilusión volvía para salvarte, por un tiempo al menos, descubres que no está, que quizá nunca estuvo. Y vuelves a empezar a darte cuenta que quizá es tu destino, que quizá nunca podrá ser.

     …y caes. Vuelves a caer, en el pozo de tus pensamientos, en la coraza de tus sentimientos, en la barrera anti-ilusión que construiste poco a poco, con cada desilusión. Vuelves a caer en todo, porque vuelves a comprender, una vez más, por otro palo más, que lo tuyo es la soledad, que no hay una segunda persona, que sólo estás tú y que tú solita te lo buscas porque tú solita te hieres, y es que en realidad nadie llamó a la puerta y tú se la abriste de par en par.

     …y vuelves a pensar en el fondo de esa botella, en esa última pastilla, en el polvo que queda en la tarjeta… Vuelves a pensar. Vuelves a pensar en las personas que lo usaron y que quizá todo les resultó más fácil, por un tiempo al menos. Y te miras y sólo ves tus manos sujetando un bolígrafo negro, escribiendo absurdeces que ni tú misma leerías, porque nada importa, porque todo es mentira, incluso tú misma, pues nunca serás alguien para nadie, porque te mientes una y otra vez queriendo que sea verdad, y la verdad, muchacha, no existe, porque tus pensamientos no se hacen reales, se pierden tan rápido como se pierde esa raya de la chica que tengo al lado. Pero, “shhh”, no digas nada, porque ella es feliz a su modo, igual que yo lo soy al mío, ¿no ves su sonrisa, no ves la mía?

Tú escribes mis letras.

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