Mi amistad

     En el Mirador de San Nicolás, mientras La Alhambra nos miraba, se asentaron sentimientos que se taparon con la manta de la admiración, la empatía y el respeto.

     En la toalla que descansaba sobre arena malagueña supimos que, aunque nada es eterno, el tiempo estaba de nuestra parte, pues creamos el reloj que juramos proteger con las olas como testigo.

     Y así, sin más metáforas y sin más palabras que no alcanzan, hoy puedo decir que la amistad existe y que la cuidaré para que el reloj nunca se destruya. Ahora, con la tinta como testigo también.

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